La inteligencia artificial ya es parte de nosotros

Hay muchas personas que piensan que la Inteligencia Artificial es algo que no les toca, que sólo pertenece a un mundo futurista similar al que vemos en películas como «Yo Robot». Un mundo donde los robots piensan por sí mismos y tratan de acabar con la especie humana.
Lejos de ese concepto, y para sorpresa de muchos, la inteligencia artificial está inmersa en nuestro día a día y se encarga de ayudarnos y facilitarnos la vida sobre todo con las tareas cotidianas más repetitivas.

Por ejemplo, cuando entras en Google y haces una búsqueda, el buscador te propone temas sobre la marcha, y lo hace en base a las búsquedas relacionadas con ese tema y con las cadenas de palabras empleadas por ti anteriormente. Una serie de algoritmos inteligentes cuya función es simplificar y automatizar: sugiere temas y te los comparte.

Si además usas Gmail, te habrás dado cuenta de que este asistente de correo te propone frases y expresiones, en base a lo que usas más habitualmente para comunicarte, además de filtrarte el spam en función de lo que identificas y lo que no. A esto se le conoce como «machine learning», el aprendizaje de la máquina en función de lo que vas usando, o buscando.

El ejemplo más palpable de inteligencia artificial lo tenemos con los recientes asistentes de voz, Siri, Cortana, Alexa de Amazon y Google, que nos ayudan a realizar búsquedas rápidas, elegir canciones, preparar comida, encender o apagar las luces… Pero darán el salto a una nueva dimensión social porque también podrán detectar si tenemos un paro cardiaco al identificar la respiración anormal o agónica, y además podrán llamar a los servicios de emergencia.

El marchine learning también está presente en nuestros hábitos diarios cuando algunas páginas web de compras como Amazon nos ofrecen o nos «sugieren» productos o servicios en función de mis anteriores búsquedas o compras realizadas. Aprenden de nuestros propios hábitos de consumo, para establecer patrones y tendencias adelantándose a nuestra propia voluntad de compra.

Usamos la inteligencia artificial casi de manera inconsciente, y con total normalidad en nuestras vidas. Cuando compramos en internet, escuchamos música sugerida, vemos series propuestas por canales de suscripción, hacemos fotografías con el móvil, mejoradas gracias a una serie de parámetros y algoritmos, cuando usamos la traducción simultánea con el móvil, o manejamos el Google Maps en la calle buscando alguna dirección. En este caso complejos algoritmos calculan la ruta más corta, o la más empleada, teniendo en cuenta factores como la hora, el tráfico o el tiempo que hace.

A nivel empresarial, la inteligencia artificial también puede ayudar a las compañías a mejorar y automatizar procesos, identificar patrones de consumo y adelantarse a las tendencias de compra de sus clientes. Empresas financieras podrán identificar fraudes con mayor antelación. Empresas de logística podrán optimizar la trazabilidad del producto, desde su compra hasta su envío.

Y aunque, la inteligencia artificial también plantea algunos debates éticos acerca de sus aplicaciones y sus límites cuestionándonos hasta qué punto debemos ser observados, sugeridos, o condicionados, tendremos que ser capaces de encontrar un equilibrio adecuado regido por el sentido común, y de seguro, alguna que otra ley, para lograr aprovechar todas las ventajas y beneficios del uso de esta tecnología. Éste, sin duda, será el mayor desafío de todos.

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